La Rioja
Un verdadero viaje a los orígenes de la historia
El territorio -alguna vez habitado por los diaguitas- ofrece desde su capital, el encuentro con un pasado milenario en el Pucará de Hualco, la zona de “La Costa”, Huayrapuca; el vía crucis en pueblo de Famatina y la celebración del Señor de la Peña, en El Barreal d Arauco.
El territorio alguna vez habitado por los diaguitas ofrece desde su capital, el encuentro con un pasado milenario en el Pucará de Hualco, la zona de “La Costa”, con su nuevo circuito de bodegas artesanales, hasta los secretos de la nuez, en Huayrapuca; y el vía crucis en pueblo de Famatina, cuando se hace descender de su cruz la imagen del “Cristo Articulado”, pieza realizada en madera y cuero, traído desde el Alto Perú, de la cual hay sólo dos en el mundo con estas características.
Sumado a la celebración del Señor de la Peña, en El Barreal d Arauco, la zona es el melancólico escenario de un ritual religioso que se remonta a dos siglos atrás. Con todo esto, La Rioja se propone como un verdadero viaje a los orígenes de la historia.
Peregrinando por el Cuyo
Para aquellos que ven en la Pascua no sólo una posibilidad de descanso, sino también la oportunidad de acercarse a las tradiciones, tienen la posibilidad de sumarse al culto al Señor de la Peña, una de las devociones riojanas que congregan a peregrinos de todas partes. Practicada en torno a un gran peñasco de aproximadamente doce metros de alto, -en El Barreal de Arauco-, la festividad coincide con el Viernes Santo, cuando centenares de personas permanecen en vigilia a la luz de los fogones. La roca, cuyo perfil tiene un innegable parecido con el de un rostro humano, ha sido identificada con la figura de Cristo, transformándola en un centro de peregrinación. Sin embargo, se supone que ya los aborígenes adoraban a esta formación ubicada en la zona “La Costa” riojana, y ellos fueron quienes llevaron hasta allí a los españoles, los que interpretaron el fenómeno como una manifestación del Dios cristiano.
Pero no sólo de religión vive el hombre, el barreal donde descansa esta piedra, es una reseca planicie de suelo arcilloso de 7 Kilómetros de largo por 4 de ancho. De lejos parece una salina, pero en verdad es tierra resquebrajada que quedó en un lugar donde hace miles de años existió una gran laguna.
Allí, desde hace poco tiempo se desarrollo el complejo llamado “Vientos Del Señor”, en honor a la roca.
El barreal, además de ser un hermoso paisaje, junto con Pampa del leoncito en San Juan, es uno de los mejores del mundo para practicar deportes de viento como “carrovelismo” o “Kitebuggy”, con vientos constantes que superan los 50 kilómetros por hora, que sumados a la magnitud de la superficie se puede alcanzar grandes velocidades.
Punto de llegada
Si bien el icono natural riojano es el Parque Nacional Talampaya, es en la ciudad de La Rioja desde donde se puede comenzar esta serie de travesías. A 150 kilómetros de la ciudad, siguiendo el camino por la ruta 75, llegamos a lugares en los que el silencio parece exclusivo. Se trata de la denominada “Costa riojana”, al norte de la capital. Formada por una cadena de pueblos, de menos de ochocientos habitantes, rodeados de pinos, nogales y álamos, tras los cuales se esconden innumerables casitas al pie de las Sierras de Velasco.
En esta sucesión de pueblitos, los pequeños productores de vinos conformaron un nuevo circuito de vinos artesanales.
Esta propuesta involucra a ocho establecimientos vitivinícolas situados en Sanagasta, Huaco, Agua Blanca, Aminga, Anillaco, Los Molinos, Anjullón, San Pedro y Santa Vera Cruz. Estos pequeños productores y elaboradores de vinos caseros, hacen con “muy buenas manos”, varietales como Malbec "casero"; Torrontés blanco y vinos dulces como "añejo" cocido, que se valen de las técnicas ancestrales y hacen de su labor una experiencia para compartir.
Piedra sobre piedra
En una ladera de la montaña, en extremo norte de la provincia de La Rioja, en el Departamento San Blas de Los Sauces, se levanta una ciudad de piedra construida hace más de mil años. Sus paredes conservan la magia de tiempos ancestrales, donde habitaron hombres, mujeres y niños de la cultura “Hualco”. En la actualidad, turistas, arqueólogos y científicos recorren con asombro las huellas de un pasado indígena que palpita en cada rincón de estos suelos riojanos.
El punto de partida donde comienza el recorrido hacia las ruinas propiamente dichas es Centro de Interpretación del Pucará de Hualco. La excursión es una caminata cuesta arriba, y en el camino nos encontramos con fragmentos de pircas que formaban parte de habitaciones ó viviendas. Hoy por hoy, se recuperaron casi 150 construcciones de un total de 300 que había en sus tiempos de gloria.
Hualco custodia los recuerdos de esta antigua fortaleza, testimonio de la vida de quienes habitaron la región antes de la llegada del español. Cuenta la historia que a medida que los primitivos moradores perdían sus tierras se gestaba la rebelión. Hacia 1630, la furia contenida se hizo guerra, que terminó con la derrota y la adopción del sistema de encomiendas.
Famatina y Huayrapuca
En el Faldeo oriental del las Sierras del Famatina, en el pueblo del mismo nombre, está Huayrapuca, o literalmente: “Viento Colorado del Zonda”. Un reciente emprendimiento turístico productivo donde el visitante puede alojarse, degustar sus exquisitos platos gourmet, todos con algo de nuez, realizar paseos por la finca, cabalgatas y excursiones. Aquí podrá conocer paso a paso la elaboración de la producción de la nuez hasta participar de la cosecha en el mes de marzo. Observar la selección y el fraccionamiento de sus distintas variedades hasta su envasado al vacío.
La región nogalera por excelencia, ubicada a 1700 metros SNM., se extiende sobre los valles que nacen en el cordón montañoso del Famatina. Esta zona por la cantidad de horas de frío necesarias, muy baja humedad, gran amplitud térmica y abundantes días de sol, predisponen la sanidad y el desarrollo ideal para obtener una nuez de alta calidad. Por ello, sus nueces difícilmente puedan encontrarse en otros lugares del país.
Una de sus particularidades, es que debido al bajo régimen de lluvias, el riego se hace necesario y aquí las aguas de riego provienen exclusivamente del deshielo de la montaña que desciende por sus valles. El sistema de riego consiste en captar el agua y transportarla por canales y acequias; de la misma manera que lo hacía la cultura indígena andina, los primeros habitantes de estas tierras.
Estas condiciones alentaron a los productores a desarrollar además tomates deshidratados; proceso realizado sin ningún proceso químico, solamente con el aprovechamiento de la exposición solar, la ausencia de insectos y un cielo limpio hacen del tomate un deshidratado totalmente natural y revalidando las técnicas ancestrales de sus viejos pobladores.
Y con Famatina “a cuestas”, justo enclavado en el cerro de ese nombre, aparece el cable carril La Mejicana, que además de ser una de las atracciones principales para el visitante, es el testimonio más cabal de la fiebre por el metal precioso. A lo largo de nueve estaciones, esta obra de principios de siglo XX ascendía a más de 4 mil metros hasta sus socavones en lo alto del nevado. El cable carril, ya no transporta ni hombres ni minerales, permanece inmóvil y silencioso, casi como la misma idiosincrasia de su pueblo. Allí está, quizá inmutable al tiempo, a la mano del hombre, al viento zonda, en un escenario espectacular bajo las nieves eternas.
Más información:
www.turismolarioja.gov.ar












