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Miradores de Buenos Aires

El mirador de 360º de la Galería Güemes se suma al programa porteño

Todos los jueves, a las 16, habrá visitas guiadas al mirador del Edificio Galería Güemes (San Martín 170), en el marco del programa “Miradores de Buenos Aires” que implementa la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico del Ministerio de Cultura porteño.

Estas nuevas visitas guiadas se suman a las que se efectúan al mirador del Hotel Panamericano, los miércoles de 17 a 18 horas en Carlos Pellegrini 551, piso 23; y los viernes de 16 a 18 al mirador del Edificio Comega, Corrientes 222, piso 19, que desde el lanzamiento del programa, en enero, fueron visitados hasta la fecha por más de mil personas.

Durante esta primera visita del jueves 29 de abril al mirador de la Galería Güemes se inauguraron las obras de puesta en valor del lugar y el auditorio del piso 15º, que será destinado a actividades culturales y a la proyección, cada jueves, de una película sobre la historia de esa tradicional galería porteña.

Informes e inscripción: 4323-9400 int. 2756, de lunes a viernes de  9.00 a 15.00. La actividad es gratuita con cupos limitados.

Un Paseo con historia

Declarada Patrimonio Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, la Galería Güemes fue considerada el primer rascacielos construido en la ciudad, con sus 14 pisos y 87 metros de altura, inspirada en las grandes galerías mundiales de la época.
Al transeúnte de aquellos años lo sorprendía la variedad de usos y funciones, que albergaba en su interior. En el subsuelo, un teatro, un cabaret y un restaurante; pisos de vivienda que daban a Florida y pisos de oficina sobre San Martín; en la terraza del piso 14, otro restaurante, con mirador. Todo ello rodeado por alardes técnicos: ascensores capaces de recorrer 140 metros en 60 segundos; sistemas contra incendios que bombeaban hasta 24 mil litros por hora y que eran activados a través de alarmas eléctricas ubicadas en la planta baja y los subsuelos. Los distintos sectores contaban con refrigeración, calefacción y ventilación forzada, y hasta fue comidilla por indiscreto el tablero luminoso que informaba acerca de la ocupación de las oficinas. Un sistema de tubos neumáticos servía de correo interno del edificio. No menos impacto causó la combinación de iluminación natural y artificial de la bóveda y la broncería del pasaje. O los detalles de broncería de los escaparates y de las puertas de los ascensores. El teatro contaba con butacas montadas sobre una losa de hormigón armado que, a su vez, tenía apoyo pivotante capaz de cambiar la pendiente de la sala. El conjunto daba una impresión que rozaba lo futurista.

Los promotores de la obra fueron los salteños Emilio San Miguel y David Ovejero, dueños de gran fortuna y propietarios de la casona de 1830 que había en el terreno. Al principio se pensó en levantar el palacio tan sólo sobre la calle Florida, pero luego se sumó al proyecto el Banco Supervielle, propietario del lote que miraba a San Martín. Se optó entonces por un edificio-pasaje que conectara ambas calles mediante una galería de 116 metros. El emprendimiento fue encomendado al arquitecto italiano Francisco Gianotti. La Galería fue considerada una de las obras cumbres de Art Noveau. La construcción empezó en 1913, debió afrontar no pocos problemas, pues sus propietarios quedaron en bancarrota por el costo de la obra que subió de 10 a 15 millones de pesos fuertes, fatalidad agravada por el hundimiento del barco ocasionado por un submarino alemán, que traía los mármoles italianos para la fachada sobre Florida.

El nombre de la Galería (costó quince millones de pesos fuertes) rinde homenaje al máximo héroe de la provincia de Salta, General Martín Miguel de Güemes. El 15 de diciembre de 1915, la inauguración fue organizada por el Círculo de la Prensa y a ella asistieron el Presidente de la Nación, Victorino de la Plaza y descendientes del prócer salteño.




Tras 90 años de vida, por la Galería Güemes han
pasado todo tipo de gente y acontecimientos,
los que nos han dejado un sinfin de anécdotas.
He aquí una selección de las que creemos vale
la pena compartir con todos Ustedes:



EL MIRADOR
En el Mirador de la galería funcionaba un binocular de gran tamaño, al que se le depositaban 25 centavos y se podía  ver hasta la costa uruguaya.
Los curiosos esperaban su turno para subir y desde allí contemplaban el crecimiento de la capital.
Durante mucho tiempo fue el punto más alto del país hecho por el hombre.
El faro encendido en su cúpula a 87 metros de altura servía de referencia a las embarcaciones del Río de la Plata.

TERRITORIO DE DESEO
Según Calvino, una ciudad es una suma de deseos, "un todo en el que ningún deseo se pierde", y sus habitantes perse-guimos toda la vida esos deseos. Y así la Galería Güemes, en el comienzo de la calle Florida, era un territorio del deseo (en sus sótanos se abría un codiciado teatro de revistas) para el larguirucho adolescente Julio Florencio Cortázar quien, a comienzos de la década del treinta, se cruzaba sin saberlo con el hosco aviador Antoine de Saint-Exupéry, inquilino de un departamento del sexto piso.

SAINT-EXUPÉRY
Saint-Exupéry, Saint-Ex, como lo llamaban sus compañeros, los ases de la Compañía Aeropostal, odiaba todas las ciudades (aunque gustaba de sus cielos y de las ciudades vistas desde el cielo) y especialmente detestaba Buenos Aires, donde estaba muy deprimido, quizás porque su única compañía era un cachorro de foca que ocupaba la bañadera. Sin embargo, Saint-Ex, cuando partió de Buenos Aires luego de su año porteño, se llevó dos dones: una mujer amada (Consuelo Suncín, que aquí conoció) y un gran libro, ese Vuelo nocturno, que escribió en la Galería de sus desconsuelos, y que iba a consagrarlo.

CORTÁZAR
Cortázar, muchos años después, en su cuento "El otro cielo", prolongó la Güemes en la parisina Galería Vivienne, para que en ambas circulara el mismo aire, el aire de la fantasía que respiran las dos ciudades de su vida.
Si bien la galería es considerada como uno de los símbolos de la calle Florida, pasará a la historia gracias a este relato con el que cierra su obra "Todos los fuegos el fuego". El protagonista de ese cuento da una particular versión de la galería, "hacia el año veintiocho, el Pasaje Güemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entre visión del pecado y las pasti-llas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas."
"Mi novia, Irma, encuentra inexplicable que me guste vagar de noche por el centro o por los barrios del Sur, y si supiera de mi predilección por el Pasaje Güemes no dejaría de escandalizarse." Esto era lo que pensaba el corredor de Bolsa retratado por Julio Cortázar.

 

www.galeriaguemes.com.ar



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